Xabier Cabezón

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Los restos de las ferrerías

 

 


Los restos de las ferrerías permiten conocer su ubicaciónpueden aportar valiosa información sobre la estructura y elementos de esta antigua industria. Por lo tanto, son elementos muy valiosos de nuestro patrimonio cultural, arqueológico e industrial.

Restos de haizeolak o ferrerías de monte

Prácticamente no se conocen datos documentales sobre las haizeolak o ferrerías de monte (ubicación, propietarios, fechas, etc.), al contrario de lo que ocurre con las ferrerías hidráulicas (especialmente sobre impuestos).

La simpleza relativa de su construcción, el poco material utilizado, lo variado de su emplazamiento (frente a las ferrerías hidráulicas) y el tiempo transcurrido desde que se abandonaron (más de quinientos años), ocasiona que actualmente sea muy difícil encontrarlas.

Escoria del zepadi de Urlio.
Escoria del zepadi de Urlio. Foto: Xabier Cabezón (2015)

Pese a sus nombres (ferrerías de altura, ferrerías de monte, agorrolak o ferrerías secas, haizeolak, jentilolak), las haizeolak no se encontraban necesariamente en el monte ni alturas ni en lugares expuestos al viento. Estaban próximas a yacimientos mineros (principal factor) y bosques (fuente de carbón), y a alguna corriente de agua (aunque fuera muy pequeña); normalmente se construían aprovechando laderas no muy pronunciadas.

En general sólo se han conservado los zepadiak o escoriales de una pequeña cantidad de haizeolak, aunque con las tareas actuales de prospección y catalogación cada vez están aflorando más. La excavación y estudio de alguno de estos zepadiak ha permitido, además, el descubrimiento de hornos de reducción y otros materiales. Hay que señalar que, en ausencia de documentación, a los vestigios encontrados se les asigna como nombre el topónimo actual del lugar, o algún topónimo próximo si el sitio exacto no tiene un nombre específico.

En las catalogaciones de algunos autores se están siguiendo criterios tendentes a clasificar como haizeola cualquier escorial que contenga escorias de sangrado. Sin embargo, tal como indica Marc Gener (2014), una escoria en sí misma (análisis incluido) no indica si procede de una haizeola o de una ferrería hidráulica. Se necesita un contexto arqueológico para determinarlo. Es decir, la mera presencia de escorias de sangrado no implica que procedan de una haizeola; pueden pertenecer perfectamente a una ferrería hidráulica.

Restos de ferrerías hidráulicas

Las ferrerías hidráulicas se encontraban junto a ríos y arroyos con un mínimo caudal de agua (al menos unos cientos de litros por segundo, salvo en el estiaje), con pendientes del 2% o mayores, y en parajes que no fuesen muy castigados por las crecidas.

En las ferrerías hidráulicas casi siempre es posible encontrar escorias, así como rastros del canal.  Las anteparas y a veces parte de la fábrica tienen posibilidades de haberse conservado si la ferrería estaba en uso o fue reconstruida en los siglos XVIII o XIX. Cuando no era así, parece que en general se desmontaron del todo para aprovechar las piedras y/o como parte del proceso de germar (=arruinar) legalmente una ferrería. Así se evitaba que fuera reutilizada.

Algunos edificios de vivienda de estas ferrerías también han llegado hasta nuestros días, a veces reconvertidos en caseríos (incluso habitados en la actualidad), y otras veces apenas reconocibles.


Escorias

Las escorias o zepak son, sin duda, el material más representativo que nos ha llegado de las ferrerías de todo tipo; donde hubo una ferrería siempre aparecen escorias (salvo arrasamiento total del lugar). Como se explica en el capítulo del proceso de obtención del hierro en una ferrería, las escorias son un subproducto procedente de la ganga y otras impurezas presentes en los minerales, que se combinaban entre sí y con parte del óxido de hierro (básicamente son silicatos dobles de aluminio y hierro).

Las escorias pueden encontrarse agrupadas o amontonadas (formando escoriales o zepadiak). Suele haber también cierta cantidad de escorias dispersas en la zona en la que estuvo la ferrería y en sus proximidades. En ocasiones pueden verse escorias a cierta distancia de una ferrería, que no tienen por qué tener relación con ella, pues pueden haber sido transportadas.

Ya desde finales del siglo XIX los escoriales de una buena parte de ferrerías hidráulicas y de muchas haizeolak fueron arrasados para aprovechar las escorias. Su destino solía ser fundiciones o altos hornos, donde extraían el hierro que aún contenían. Como consecuencia los zepadiak que conocemos son una sombra de lo que debieron ser en su día. También tuvieron otras aplicaciones residuales, como el mantenimiento de caminos

Oizin - escoria Oizin - escoria
Escoria de sangrado de Oizin. Fotos: Xabier Cabezón (2018)

Hay varios tipos de escorias. Según su aspecto superficial e interno se pueden clasificar como escorias de sangrado, escorias porosas y escorias intermedias entre ambos tipos.

* Escorias de sangrado. Durante el proceso de reducción en el horno se abría el orificio de sangrado o ziarzulo para que saliesen las escorias líquidas, que enseguida se solidificaban. Son propias, por lo tanto, de cualquier horno de reducción con orificio de sangrado, esto es, que se producían tanto en las haizeolas como en las ferrerías hidráulicas. En las hidráulicas estas escorias se obtenían especialmente en las primeras fases del proceso de reducción, y volvían a ser introducidas de nuevo en el horno para aprovechar parte del hierro que contenían.

Son de un color oscuro negruzco, a veces algo azulado, y tienen una superficie de “aspecto fluido” (“lágrimas”; recuerda a lava solidificada, pero a pequeña escala) y poca porosidad (más densas). Tienen alto contenido en hierro, indicador de un proceso de muy bajo rendimiento.

Escoria porosa.
Escoria porosa. Terraza al N de Beriñas. Foto: Xabier Cabezón (2014)

* Escorias porosas. Se extraían del horno de reducción una vez terminado el proceso. Parecen ser sólo subproducto de las ferrerías hidráulicas. Su aspecto es más poroso o esponjoso que el de las escorias de sangrado, incluso en la superficie (que pierde ese carácter “fluidal” para ser también poroso). Son menos densas, y con menos contenido en hierro, lo que indica un mejor rendimiento del proceso de reducción.

* Escorias intermedias entre las de sangrado y las porosas. Tienen rasgos intermedios entre ambos tipos, y contienen aún bastante hierro. Se encuentran tanto en haizeolak como en hidráulicas.

Escoria intermedia.
Escoria de tipo intermedio. Terraza al N de Beriñas.
Foto: Xabier Cabezón (2016)

* Tortas de escoria. El nombre es debido a su forma (más o menos redondeada, y convexa por uno de sus lados y plana por el otro). Se asocian con el fondo de un horno. Se citan tanto tortas de fondo de horno de reducción como tortas de fondo de forja (tortas de forja).

Conviene subrayar que las escorias de sangrado pueden aparecer tanto en haizeolak como en ferrerías hidráulicas, al igual que las de tipo intermedio, mientras que las porosas son exclusivas de las hidráulicas.

Según Marc Gener (2014), una escoria por sí misma (análisis incluido) no indica si procede de una haizeola o de una ferrería hidráulica. Se necesita un contexto arqueológico para determinarlo. Es decir, que la mera presencia de escorias de sangrado no implica que procedan de una haizeola, como sostienen algunos arqueólogos.


Horno de reducción

En algunas haizeolak se ha llegado a localizar el horno (u hornos) de reducción, en general en bastante mal estado.

En el valle del Leitzaran, en una excavación de la ferrería de monte de Barrenola realizada en 2015 se ha localizado la base de un horno.

Horno de Barrenola
Excavación del horno de Barrenola. Fuente: Diario Vasco (2015)

Otra vista del horno excavado en 2015
Fuente: Arkeoikuska

Es raro que en las ferrerías hidráulicas se haya conservado el horno o parte de él. Hasta la fecha no se ha localizado ninguno en el Leitzaran.


Horno vasco de reducción

Según X. Orue-Etxebarria (2015) se clasifican como Hornos Vascos de reducción de hierro aquellos en cuyas paredes y/o fondo hay restos de escorias de hierro incrustadas, especialmente si tienen un canal horizontal desde el fondo del horno hacia el exterior (cubierto por losas), y las paredes recubiertas de arcilla y arena endurecidas por el calor.


Hornos de calcinación o arragoas

Se conservan testimonios de algunas arragoas, en general pertenecientes a ferrerías hidráulicas.

Arragoa de Zumarrista
Arragoa de la ferrería de Zumarrista. Foto: Xabier Cabezón (2019)


Ferrerías hidráulicas: presa

Por su situación en plena corriente de agua, la presa de una ferrería estaba constantemente expuesta a su deterioro, especialmente en las crecidas. Por lo tanto no es de extrañar que en muchos casos hayan desaparecido totalmente.

Hoy en día se conservan algunas presas de piedra. La mayoría de ellas fueron reutilizadas posteriormente para otras funciones (molino, central eléctrica), por lo que a lo largo del tiempo se han beneficiado de cierto mantenimiento.

Actualmente se están demoliendo estas presas con el objetivo de eliminar obstáculos para la vida piscícola, en especial salmónidos. En el territorio guipuzcoano los promotores de estas destrucciones son Ura (Agencia Vasca del Agua) y la Diputación Foral de Gipuzkoa, dentro del proyecto Life Irekibai.

El proyecto europeo Life prescribe que hay que permeabilizar los obstáculos en los ríos. Hay otras formas de permeabilizar cauces que no suponen la total desaparición de obstáculos y que son, por lo tanto, compatibles con la preservación del patrimonio histórico. El problema de la destrucción es su irreversibilidad. No obstante a menudo resulta el procedimiento elegido por nuestras instituciones por ser el más económico, mostrando así un total desprecio hacia nuestro patrimonio cultural. Las presas de Ibiur, Urto y Olaberria se han derribado siguiendo esos criterios de demoler como sinónimo de permeabilizar.

Presa de Errezuma
La presa de arco de la ferrería de Errezuma. Foto: Xabier Cabezón (2018)

Presas de piedra que se han conservado en el valle del Leitzaran hasta fechas recientes: Errezuma, Iñurrista, Erauspide de yuso (Olazar) (derribada hacia 1993), Ibiur (derribada en 2009), Urto (derribada en 2009), Plazaola, Ollokiegi, Olaberria (derribada en 2015), Urriolondo.

También se conservan algunos restos de presas de madera. Si quedaron debajo del agua en condiciones anaerobias han podido aguantar siglos . Alguno de estos vestigios ha aparecido al derribarse presas de piedra.

En el valle del Leitzaran conocemos restos de las presas de madera de las ferrerías de Urto, Ameraun y Olaberria.

Maderas de la presa de Urto.
Restos de la presa de madera de la ferrería de Urto.
Foto: Xabier Cabezón (2015)


Ferrerías hidráulicas: canal

Entre los vestigios de las ferrerías hidráulicas el canal es el más presente, además de las escorias. En el valle del Leitzaran, los rastros del canal se han conservado en mayor o menor medida en todas las ferrerías hidráulicas de las que queda algún otro rastro. En algunos casos se ha aprovechado su trazado para nuevos usos (centrales eléctricas), construyendo una nueva estructura de hormigón (Plazaola, Olaberria).

Canal Inturia - Roca tallada
Canal de la ferrería de Inturia, tramo inicial: la roca tallada en escalón, y debajo
 la roza de la pared externa. Foto: Xabier Cabezón (2016)

Las causas más comunes de desaparición total o parcial de un canal son la construcción de otras estructuras tapando el canal, el depósito o vertido de tierras, escombros, etc., y el hundimiento o erosión de la ladera por la que transcurría el canal.

Normalmente la parte visible de un antiguo canal de ferrería es una explanación horizontal en la ladera, que en ocasiones transcurre por una trinchera. A veces adopta la forma de un ligero surco, pues tiene una pequeña depresión central. En los casos en los que no quedan vestigios de las anteparas ni de la fábrica, el final del canal suele situarse sobre la zona de escorias (y quizá otros elementos) de la ferrería. Si el principio del canal es claro puede indicar aproximadamente la zona donde estuvo la presa.

Un caso aparte es el de la ferrería de Ameraun, en donde el canal era un túnel subterráneo.


Ferrerías hidráulicas: anteparas

Pocas veces se han conservado las anteparas de una ferrería, generalmente en el caso de ferrerías que se reconstruyeron en el siglo XVIII o XIX. Impone su aspecto robusto y macizo, con muros de más de dos metros de espesor y con sugerentes arcos. En el Leitzaran se mantienen con más o menos fortuna las anteparas de Errezuma, Ibiur, Urto, Plazaola, Ameraun y Ollokiegi.

En alguna ocasión hay sólo fragmentos de anteparas más antiguas, como en Amasaola.

Lo habitual es la total ausencia tanto de las anteparas como del resto de la fábrica, hasta el punto de que en su lugar a veces queda una especie de vacío donde estuvieron las construcciones. Probablemente era totalmente desmontada para evitar así su reconstrucción cuando se “germaba” o arruinaba una ferrería (de forma oficial, especialmente para no pagar impuestos). Por otro lado, muchos materiales seguramente serían aprovechados para construir o reparar caseríos u otros edificios.

A pesar de todo hay alguna ferrería (como la de Larbarrain) en la que se puede adivinar vagamente el trazado de las anteparas por los bloques de piedra que hay en el suelo.

Pared de las anteparas de Plazaola
Pared de las anteparas de la ferrería de Plazaola.
Foto: Xabier Cabezón (2004)


Ferrerías hidráulicas: fábrica

Como en el caso de las anteparas, también la fábrica de las ferrerías fue derruida la mayor parte de las veces. En pocas ocasiones han quedado paredes reconocibles, ya que incluso habiéndose conservado las anteparas se han derribado las paredes de la fábrica.

Ferrerías del Leitzaran con restos de paredes: Errezuma, Ibiur, Urto, Plazaola, Ollokiegi, Inturia, Amasaola. Con otros restos: Erauspide de yuso (Olazar).


Otros elementos

En ocasiones hay ferrerías en las que se ha conservado alguno de los componentes del taller: ejes, mazos, yunques... A continuación me ceñiré a las ferrerías del Leitzaran.

Mazo.- Dos ejemplares de mazo de las ferrerías de Inturia y Ollokiegi estaban en posesión de M. Laborde Werlinden.

Yunque.- En 2018 apareció durante unas excavaciones la base sobre la que se asentaba el yunque (ingude) de la ferrería de Mustar.

Base del yunque de Mustar.
La base del yunque de Mustar. Foto: Burdina Taldea (2018)

Viviendas.- Las que se han conservado lo han hecho convertidas en caseríos: Errezuma, Iñurrista, Urto, Plazaola, Ameraun, Beriñas, Ollokiegi, Inturia y Urriolondo. Quedan restos de paredes de la vivienda de Amasaola.

Caserío Plazaola
Caserío Plazaola. Foto: Xabier Cabezón (2001)

Mortero negro, hormigón negro.- Denominamos mortero negro a una mezcla de cal viva como aglomerante y vena (mineral de hierro) calcinada y pulverizada como agregado. También podía usarse escoria finamente triturada (sarra). Al mortero se le podía añadir escorias de hierro picadas de tamaño grava, obteniéndose así un hormigón. Se utilizaba por su excelente comportamiento bajo el agua.

En el Leitzaran en muchas ferrerías se usaron tanto el mortero como el hormigón en la zona de la orilla, posiblemente para dar consistencia a ésta, especialmente en las cercanías de las anteparas. También hay hormigón negro en el canal de Inturia y en la presa de madera y canal de Olaberria.


REFERENCIAS

(Ver Bibliografía)

Arbide, I. et al. (1980). Ferrerías en Legazpi. San Sebastián: Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa. p. 201.

Franco, F.J., Etxezarraga, I. y Alberdi, X. (2015). “Los orígenes de la tecnología del hierro en el país vasco: Ferrerías de monte o haizeolak”. En: Kobie Paleoantropología 34, 267-282.

Genet Moret, M. (2014). “I Coloquio de arqueología experimental del hierro y paleosiderurgia. Debate abierto.- Turno de preguntas 1ª sesión (15-05-2014)”. En: Kobie Anejo 13, 209-218.
Disponible en: http://www.bizkaia.eus/fitxategiak/04/ondarea/Kobie/PDF/6/Kobie_Anejo_13_web.pdf

Orue-Etxebarria, X. (2015). “El ‘Horno Vasco’ de reducción de mineral de hierro, de tecnología prehidráulica”. En:  Historia del hierro en Bizkaia y su entorno, X. Orue-Etxebarria, E. Apellaniz  y P. P. Gil-Crespo. Bilbao: Gráficas R. D. Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, 139-192. p. 165.

Urteaga Artigas, M. (2015). “El hierro en época romana. Tradición e innovación en los territorios vascos”.-  en  Historia del hierro en Bizkaia y su entorno, X. Orue-Etxebarria, E. Apellaniz  y P. P. Gil-Crespo. Bilbao: Gráficas R. D. Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, 77-118. pp. 101-102.

Villareal de Bérriz, P. B. (1973). Maquinas hidráulicas de molinos y herrerías y govierno de los arboles y montes de Vizcaya (2ª ed.). San Sebastián: Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones de la RSVAP y Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián.

Zuaznavar, M. (1905). Monografía de las ferrerías Vascongadas. San Sebastián. p. 22.


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Última actualización: 16/07/2019


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