Xabier Cabezón - licencia CC-BY-NC-SA

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El Leitzaran - Propietarios de las ferrerías

 

Salvo alguna excepción las ferrerías comenzaron siendo propiedad de particulares. Sin embargo la mayoría de las ferrerías que consiguieron sobrevivir fueron pasando paulatinamente a manos de los correspondientes concejos. En muchos casos la propiedad estaba compartida: bien entre dos o más particulares, entre particulares y concejos, o entre dos concejos. Berastegi compartía con Elduain -en proporción de 2/3 y 1/3 respectivamente- las ferrerías de su propiedad (salvo Olloquiegui, que lo fue a medias en su última época), mientras que Amasa y Villabona tuvieron sus ferrerías a medias. En algún caso, el concejo compraba al particular su parte correspondiente de la ferrería.

En 1415 los propietarios de las ferrerías de Barrenola, Beriñas, Ameraun, La Plaza, Muguizalas, Nordeiza y Olloquiegui establecieron un convenio con los concejos de Eldua, Elduain y Berastegi. Este convenio nos aporta datos muy interesantes -entre otras- cosas sobre este tema (1).

Estas ferrerías estaban edificadas en solares propiedad de los concejos (2). En algún momento (anterior a 1415) éstos proporcionan terreno y disfrute de montes a aquellos que quisieran beneficiarse de las riquezas hidráulica, maderera y minera del Leizaran. Se les faculta para hacer heredades, manzanales, plantar frutales, etc., fuera de los seles, así como tener ganado dentro y fuera de los seles. La tala de árboles en los seles estaba permitida en ciertas ocasiones, pero estaba prohibido por completo el carboneo (3).

La provisión de solar en terreno comunal (así como de carbón, en los montes comunales asignados a cada ferrería) era compensada por las ferrerías con un impuesto, las "festaburnias". Se trataba de un impuesto municipal, que se pagaba en determinadas fiestas. Era propio de Berastegi y Elduaien. Era muy similar a otro impuesto llamado "censo" (que se daba, por ejemplo, en el Urumea), relacionado con el disfrute de terrenos comunales, con la diferencia de que el censo se pagaba en dinero, y la festaburnia en hierro. Como festaburnia aparecen siempre 6 quintales de hierro, salvo a finales del XVI (9 quintales).

En el caso de una mala explotación (si la ferrería se cerraba por falta de vena o carbón, y durante 3 años no labraba un mínimo de 500 quintales de hierro anuales; los casos fortuitos como inundaciones o incendios, o la mudanza de solar, no eran aplicables) su solar y montes adjudicados pasan de nuevo a manos de los concejos. De las cuatro ferrerías que sobrevivieron en esta jurisdicción tres volvieron a ser propiedad de los concejos; ignoramos si en algún caso fue debido a la aplicación del convenio o bien a compra.

Tradicionalmente los parientes mayores solían tener entre sus haciendas una o más ferrerías, pues se consideraban fuente de riqueza. En nuestra zona la casa de Leizaur poseyó la ferrería del mismo nombre durante más de cuatro siglos y medio. El señor de Berástegui fue propietario de la ferrería de Olloquiegui a principios del siglo XV, pero un siglo más tarde parece que estaba compartiendo propiedad con en concejo; a finales del siglo XVI la ferrería era ya de los concejos. En lo tocante a la casa solar de Larrea -de Amasa- no consta que hubiese tenido nunca relación con ferrería alguna. Otra casa solar fue también propietaria de una ferrería en el valle: a partir del siglo XVII aparecen los Oquendo (luego marqueses de San Millán) como dueños de Inturia. También intentaron recuperar la ferrería de Urriolondo (y lo consiguieron cuando ya estaba abandonada); poseían así mismo otras ferrerías fuera del valle, como la de Agaraiz en Villabona o la de Lasarte.

A la vista del historial de Leizaur (y también de otras ferrerías) se deduce que una ferrería, pese a los beneficios que en teoría proporcionaba, era también causante de innumerables gastos y problemas, tanto materiales como jurídicos. A ello habría que añadir que -al menos en el valle del Leizaran- todos los montes necesarios para la obtención de carbón eran de propiedad comunal. Estos motivos justificarían el sucesivo trasvase de ferrerías de manos particulares a los concejos.

No era frecuente (aunque ocurriese en algunas ocasiones) que el ferrón -es decir, el explotador de la ferrería- fuese el propio dueño. La fórmula habitual consistía en arrendar la instalación, junto con su vivienda, molino, tierras, montes y derechos de carboneo y mineral. También se daban, por supuesto, los subarriendos.

En los muchos casos en que una ferrería tenía más de un propietario era bastante habitual que un solo ferrón tomase el arrendamiento hecho por los distintos dueños. No obstante podía ocurrir que cada parte propietaria arrendase su porción a distintos ferrones. Incluso llegó a darse el caso de un solo propietario arrendando la ferrería a más de un ferrón. Ignoro cual podía ser, en tales casos, la forma de trabajo de los múltiples ferrones arrendadores de una única ferrería.


NOTAS:          (ver Bibliografía)

(1)  DÍEZ DE SALAZAR, L.M.: Ferrerías en Guipúzcoa..., vol.II, pp.97 a 100. Volver

(2)  La ferrería de Inturia se incorporó en 1490 a dicho convenio. Su status de ferrería edificada en solar de los concejos seguramente es similar al del resto de ferrerías citadas, como se deduce de su recuperación en 1826 por los concejos. Volver

(3)  Este punto era con frecuencia fuente de litigios. Este convenio de 1415 surge precisamente como consecuencia de uno de ellos. No obstante, también se dan excepciones a esta norma. Volver


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Página creada el 28/11/2000