Xabier Cabezón - licencia CC-BY-NC-SA

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El siguiente artículo, de JOXEMIEL BIDADOR, fue publicado por “Diario de Noticias” el 13 de octubre de 2002, en la sección de “Cultura, ocio y sociedad”.


Muñagorri
La proclama 'Paz y Fueros' de Muñagorri

 

Nacido en 1794 en la casa Elutsenea de Berastegi (Guipúzcoa), fue fusilado y enterrado en Eratsun después de una azarosa vida.

JOXEMIEL BIDADOR - Pamplona

JOSÉ Antonio Muñagorri Otaegi nació a las 6 de la mañana del 2 de abril de 1794 en la casa Elutsenea de la villa guipuzcoana de Berastegi. Su padre, José Mateo Muñagorri Larburu, fue real escribano numeral, lo que en la actualidad llamaríamos notario, al igual que su abuelo Juan Bautista Muñagorri Tapia, y ese fue también el oficio que el joven José Antonio eligió, y que pudo desempeñar hasta que lanzara su proclama en 1838.

Antonio María Labaien, biógrafo de Muñagorri, daba noticia de la última escritura otorgada por el escribano de Berastegi en diciembre de 1832, contrato entre el concejo de Elduaien y el tabernero local en el que se acordaba la clase, graduación, calidad y buen sabor del vino y aguardiente que se obligaba a vender en el establecimiento durante el año; en caso de litigio, el mismo Muñagorri debía actuar de árbitro, lo que presuponía condiciones de buen catador además de los profesionales conocimientos de las leyes de las Siete Partidas y del Fuero Juzgo.

Además de este trabajo, Muñagorri fue arrendatario de las ferrerías de Ameraun, Ollokiegi, Plazaola, Urto y Zumarrista, perteneciantes a las localidades de Berastegi, Elduaien, Areso y Eratsun. Así mismo en ocasiones trabajó como contratista, como en 1832 cuando lo hizo en las obras del camino real de Irurtzun a Vitoria.

Tanto por su formación como por sus amistades Muñagorri era proclive al gobierno liberal, y así lo demuestra la gran amistad que mantuvo con los hijos del conde de Villafuertes José Manuel Zabala, quien fuera corregidor liberal de Gipuzkoa, pero el hecho de vivir en una zona en la que el alzamiento carlista tuvo una implantación excepcional condicionó la elección de bando del notario berastegiarra. Es por ello que Muñagorri puso sus ferrerías al servicio de la causa del pretendiente, y el mismo Zumalakarregi las visitó en varias ocasiones. Lo prolongado de la guerra tuvo consecuencias que afectaron directamente a Muñagorri. La intendencia carlista se retrasaba cada vez más en sus pagos, en los mejores casos, y Muñagorri no podía pagar a sus ferrones, leñadores, carboneros, arrieros y jornaleros. Esta situación es la que lo obligó a urdir su plan de pacificación. Él que había sabido hábilmente adoptar una postura neutral en las diversas confrontaciones que se habían ido sucediendo desde la primera llegada de los franceses de la convención, y a la que siguieron la invasión napoleónica y la de los 100.000 hijos de San Luis, se veía ahora obligado a adoptar una postura activa ante los desmanes derivados de la intentona carlista. Por una parte intentó convencer de la necesidad de finalizar la guerra a los dirigentes de la junta carlista reunidos en Iturmendi, entre ellos el alavés Bruno Villarreal, lo que no sirvió absolutamente para nada. Fue entonces cuando realizó lo propio en el bando liberal, acudiendo en noviembre de 1837 a Madrid ante el presidente Bardají Azara, quien aceptó la propuesta de Muñagorri de respetar los fueros a cambio de finalizar con la guerra, subvencionándole con un millón de reales.

La proclama

Así pues, Muñagorri dio comienzo a su particular alzamiento bajo el estandarte de Paz y Fueros el 18 de abril de 1838 en Berastegi, lanzando una proclama a navarros y guipuzcoanos en estos términos: "Hace cinco años que la desolación y la muerte pesa sobre nuestra patria. La sangre vertida en nuestros campos es la sangre de nuestros hermanos, de esos valientes que seducidos y engañados por intrigantes combaten por un príncipe cuyos derechos a la corona de España son muy dudosos. ¿Qué pedís? ¿Por qué combatís? ¿Por quién? ¡Paz y fueros! Tal debe ser nuestro objeto. Si ambiciosos desean el trono, allá se las hayan. La Navarra, las provincias vascongadas, unidas por tantos vínculos de amistad, de sangre, de costumbres, de libertades, son desde ahora independientes. Desde hoy no somos ya los esclavos de esos miserables acostumbrados a mandar como señores y a enriquecerse a expensas de los pobres. ¡A las armas! ¡Viva la independencia! ¡Paz! ¡Libertad! ¡Obediencia a las nuevas autoridades!".

La carta al pretendiente

Al mismo tiempo enviaba una carta al pretendiente Carlos en la que lo conminaba a dejar el suelo vasco: "La felicidad de mi país me han prescrito un deber sagrado. Ambas me impelen a buscar los medios de poner término a la guerra civil, a esta plaga que todo lo destruye sin objeto ninguno y sin escuchar la voz de la clemencia. Treinta mil familias han desaparecido de nuestro suelo y otras cien mil se hallan reducidas a la más horrorosa miseria. Esta desolación, estas desgracias nos han venido por vos (...) V.A.R. conocerá fácilmente que le es preciso salir de estas provincias, vos y vuestros consejeros las habéis convertido en un desierto, habéis sembrado en ellas el luto y hacinado a montones de cadáveres. Abandonadlas pues cuanto antes. Si tenéis derechos a la corona de España, nosotros no nos opondremos a ello, pero sabed que esta no es una guerra de personas y que nosotros navarros y vizcaínos no hemos reconocido jamás a otros reyes que nuestros fueros y nuestros privilegios. ¿Vos queréis reinar? Marchad pues a las provincias que os puedan reconocer por rey, pelead con auxilio de los hombres que os crean con derecho al trono, que decida la espada entre vos e Isabel, entre vos y todos los demás pretendientes, pero no contéis más en adelante con los esfuerzos de las provincias exentas (...) Abandonad el suelo de Navarra, marchad señor, nosotros queremos paz, queremos disfrutar de un día de descanso, llevad a otra parte vuestras máximas de destrucción...".

Ante estos hechos, el mando carlista reaccionó rápidamente enviando contra Muñagorri al brigadier Iturbe, quien dispersó prácticamente sin lucha la reducida tropa de partidarios del escribano, formada en su mayoría por operarios de las ferrerías que gestionaba. Esta inevitable facilidad con que los carlistas deshicieron la primera maniobra muñagorrista dio lugar a unos versos que se hicieron muy populares entre los txapel-gorris y que decían: "Muñagorriren jendiak / ez dira gerran trebiak / billatu leizke obiak / beñere ez du gauza onik egin / gizon bururik gabiak / diru billa ateriak / aitu bear dizkik beriak".

Bertso-paperak

Pero aún más populares se hicieron los bertso-paperak que por encargo del mismo Muñagorri se imprimieron seguramente en la donostiarra de Baroja, y se repartieron por toda la geografía vasco-navarra. La limitada capacidad militar del de Berastegi le obligaba a valerse de otras armas como la poesía popular, por lo que mandó a algún bertsolari que compusiera una serie de versos, concretamente 37 zortziko txiki, en los que quedara reflejada su propuesta: "Muñagorrik diona / bere proklamian / gerra ondatzen gaitu / bost garren urtian / igaz jarri zan Carlos / Madrilko bidian / bultza zuten atzera / gerra bere oñian". Estos mismos versos son los que en la actualidad ha popularizado Benito Lertxundi.

Muñagorri y sus amigos se refugiaron entonces en Sara, desde donde tomaron el lugar de Lastaola, en la orilla izquierda del Bidasoa entre Bera e Irún, y en donde pudieron instalar su campamento en el que los militares Gaspar Jauregi Artzaia y Lord Hay comenzaron la instrucción de las reducidas fuerzas muñagorristas.

A pesar del acuerdo de Muñagorri con el gobierno de Madrid, lo cierto es que los mandos liberales tampoco acogieron con gusto la propuesta de Muñagorri, por lo que ésto suponía de deserción en sus filas. O'Donnell prohibió a Muñagorri el intentar la toma de Luzaide-Valcarlos, por lo que la primera salida de sus hombres el 5 de noviembre de 1838 se dirigió por Endara, Biandiz y Artikutza hasta Goizueta sin encontrar oposición alguna.

La segunda incursión de Muñagorri entró por Dantxarinea hasta Urdazubi, tomando prisionera a una porción del II Batallón de Navarra en Olaburu. Muñagorri firmó entonces un documento en el que se recogía que si alguno de los muñagorristas cayera prisionero de los carlistas, estos debían proceder de igual forma, es decir, dejándolos en libertad sin condiciones.

A los presos

Muñagorri lanzó a los prisioneros carlistas una alocución a favor de los fueros y en contra de la guerra y a continuación dejo libres a todos. Los muñagorristas también estuvieron implicados en el plan liberal que pretendía secuestrar al pretendiente en Azkoitia. Para ello, un pequeño grupo dirigido por el sargento carlista Ramón Elorrio desembarcaría en Zumaia, en unas pocas horas daría el golpe, y huirían por donde habían entrado, protegidos por la fragata del comodoro Lord Hay. Por desgracia, el inglés pidió la aprobación de su gobierno, el cual prohibió rotundamente la acción por considerarla poco caballerosa de la corte británica.

Ramón Elorrio, quien era natural de Betelu y amigo de Muñagorri desde la infancia, responsabilizó de lo sucedido al notario de Berastegi, siendo esta una de las posibles razones por las cuales acabó con su vida. Tras el abrazo de Bergara el 31 de agosto de 1839, Muñagorri licenció a sus hombres, y volvió a sus quehaceres en Berastegi, donde debía levantar de nuevo una arruinada hacienda, permaneciendo ajeno a los movimientos políticos que siguieron a la primera carlistada, como fueron la regencia de Espartero y la fracasada sublevación de O'Donell en Pamplona del 2 de octubre de 1841.

Durante la guerra, y tras el alzamiento de Berastegi del 18 de abril de 1838, la junta carlista despojó a Muñagorri de su empleo de escribano, así como de sus derechos sobre las ferrerías que había explotado antes de la guerra. En estos momentos Muñagorri dedica todo sus esfuerzos a la explotación de la ferrería de Zumarrista en Eratsun. Tras la entrada de Espartero en Vitoria el 7 de octubre desbaratando los planes de O'Donell, uno de sus oficiales, el ya conocido Ramón Elorrio Soroeta, marchó con unos soldados a la ferrería de Zumarrista, buscó a Muñagorri, y una vez localizado lo fusiló el 14 de octubre en el alto de Pillota-Soro, delante de Joaquina Labaien, esposa de Muñagorri. Su cuerpo fue enterrado en la misma iglesia de Eratsun en la que se celebraron sus funerales, y en donde todavía reposa.

 

Artículo de JOXEMIEL BIDADOR, publicado por “Diario de Noticias” el 13 de octubre de 2002, en la sección de “Cultura, ocio y sociedad”.


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Página creada el 26/07/2006


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