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Los seles

 

 

La intención de este artículo es dar una visión generalizada sobre los seles y su entorno, sin pretender ser exhaustivo. Gran parte está basada en las publicaciones de DIEZ DE SALAZAR y ZALDUA (ver bibliografía).

Estos curiosos terrenos circulares se examinan en las siguientes secciones del artículo:


Nombres

La palabra “sel” es de origen prerromano (Real Academia Española). En euskera occidental se denomina “korta” al sel, mientras que en la zona guipuzcoana se aplica el nombre de “sarobe, saroi, saroe”. En el siglo XVIII en Bizkaia se denominaba “kortaerdia” al sel de verano o menor y “kortaosoa” al de invierno o mayor. “Sel” en sus orígenes puede ser sinónimo de “bustaliza” o “busto” (del latín bustum < combustum = “quemado”), que se corresponde con una de las acepciones del euskera “ol(h)a” (Roncesvalles 1284).

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Historia de los seles

No hay uniformidad en la definición de “sel” de los distintos autores que tratan del tema, pero la mayoría coincide en que los seles eran porciones de terreno delimitadas y con unas características de explotación especiales. Aparecían casi siempre relacionados con tierras o montes comunales.

El “Diccionario de la Lengua Española”, de la Real Academia Española, trae esta escueta definición: “Pradería en que suele sestear el ganado vacuno”.

Su origen es desconocido. En general se acepta que la figura del sel nació en el marco de una economía pastoril, en una organización basada en montes, pastos y terrenos comunales. El sel era un terreno demarcado de un modo distinto a los demás, que al parecer se otorgaba en usufructo para el pastoreo. Algún autor habla de los seles como sinónimo de “majadas” o rediles pastoriles. La división en “seles de verano” y “seles de invierno”, que se ha mantenido a lo largo de la historia, sugiere incluso la práctica de la trashumancia.

Los seles se extendieron, al menos, por toda la vertiente cantábrica. Se conocen seles incluso en Extremadura y Castilla-La Mancha.

Los primeros testimonios escritos en los que se mencionan con seguridad seles en Euskal Herria son del siglo XII. En Cantabria están documentados desde el siglo IX. Es posible que el origen de los primeros seles sea más antiguo: en excavaciones arqueológicas realizadas por ZALDUA en seles de Urnieta (Gipuzkoa) junto a su mojón central, al menos en dos ocasiones se han localizado fragmentos de carbón vegetal, que datan del siglo II (método del carbono 14). Si bien su atribución al propio sel no es segura, la tradición de enterrar ceniza bajo el mojón central (o Piedra Cenizal) apuntaría en dicho sentido. Dicho carbón también podría proceder de la roturación del terreno (para hacer el sel). Otra posibilidad sería que fueran restos de algún incendio debido a causas naturales, o de carbón vegetal fabricado en la zona antes de construirse el sel.

Los seles de Gipuzkoa, ya desde el siglo XIV, además de ser lugares relacionados con el cuidado del ganado, tenían un importante contenido forestal. El aprovechamiento de los montes comunales (fueran o no seles) fue regulado por una serie de ordenanzas de los concejos o poblaciones (sus propietarios), así como convenios de éstos con los principales usuarios privados: las ferrerías.

Existieron diversos tipos de terrenos comunales, como los “montes francos”, las “dehesas” y los “seles”.

Los “montes francos” eran los terrenos de los que se podía beneficiar cualquier vecino de la villa propietaria. Su aprovechamiento era limitado: se podía abastecer de leña para las viviendas, pero sin talar los árboles. Se usaban las ramas, desbroces y árboles caídos. Podían aprovecharse de los frutos, cazar y mantener determinada ganadería.

Otro tipo de monte comunal es la dehesa, ejido, ondazillegi, goiburu, etc. Eran terrenos acotados, cerrados o simplemente amojonados. Su uso estaba estrictamente regulado, en buena parte por evitar la deforestación. Para ello se establecían periodos de corte y periodos de repoblación, durante los que podía autorizarse el carboneo. Cierta proporción de árboles se “guiaba” para que creciesen en altura, pues estaban destinados a grandes vigas, mástiles navieros, etc. Los montes francos fueron disminuyendo en favor de los montes acotados.

Los seles eran también términos amojonados, y gozaban de un status especial de protección, en particular en lo referente a la fabricación de carbón y tala de árboles por el pie. Esta protección no siempre significaba prohibición, pues en determinadas circunstancias podían ser actividades permitidas. Seguían siendo también lugares relacionados activamente con el pastoreo.

DIEZ DE SALAZAR describe así la explotación de los bosques comunales en los siglos XIV a XVI:

- El reparto del bosque se hizo en función de tres factores. De un lado, el dar respuesta a la demanda de los ferrones, cuya influencia en la sociedad de entonces era muy importante. De otro el facilitar a los vecinos una serie de prestaciones imprescindibles (leña para sus casas, madera para sus edificios, lugar para sus ganados). Y por último, hacer que la enorme riqueza que suponía el bosque en un momento en que diversas fuerzas sociales luchaban por dominarlo, revertiera en los incipientes municipios y sus débiles posibilidades económicas; nacerían así una serie de propios cuya incidencia en la economía concejil fue tanto más grande cuanto mayor era la riqueza de bosque que el municipio tuviera.

- Como resultado de dar respuesta a las tres necesidades planteadas, el bosque queda dividido en varias partes:
    1) dehesas, ejidos o partes reservadas para las ferrerías en conjunto o, más corrientemente, para cada una en particular;
    2) una zona comunal, de aprovechamiento por todos los vecinos, pero de una forma ordenada, tendiendo siempre a la protección del árbol (prohibiendo cortar por el pie, etc.);
    3) una parte reservada para propios del municipio que éste vendía periódicamente al mejor postor (vendía únicamente la madera).

- La parte destinada a las ferrerías fue, por lo común, gratuita; es decir, se les señalaba una porción de bosques donde, sin pago alguno, podían aprovecharse. Sin embargo se establecieron varias condiciones: en unos lugares esta prestación se vinculó a la obligatoriedad de labrar un mínimo número de quintales o de estar inactiva un número máximo de años (por lo general no más de 4); reversión del solar por quedar despobladas, hacia el concejo; prohibición de vender la leña a lugares de otras juriscicciones; abono de censos al municipio como pago y reconocimiento del solar y de estas prestaciones, etc.

En 1415 se firmó un convenio entre varios propietarios de ferrerías en el Leizarán y los concejos de Berastegi y Elduain. Algunos de sus aspectos relacionados con los seles se recogen en la página sobre los seles en el Leitzaran. En el convenio se citan las cabañas que había en los seles para los vaquerizos. Así mismo, los ferrones se quejaban del levantamiento de nuevos seles, lo que les privaba de monte en el que carbonear.  Se acordó declarar como seles a los que tuviesen una antigüedad probada de más de 70 años (es decir, anteriores a 1345).

En el siglo XVI, también en el valle del Leizarán, a las ferrerías se les había asignado cierto número de seles, en los cuales se les permitía hacer carbón. ¿Resultaban insuficientes el resto de montes, y consiguieron los ferrones carbonear también en los seles?

Un aspecto relacionado con los seles llama la atención: siendo el sel un término relacionado con los montes comunales, vemos que existían también seles de propiedad privada, sobre todo de familias de parientes mayores y comunidades eclesiásticas.

Plano de un sel de Berastegi
Plano de demarcación de un sel (tomado de GARMENDIA, De etnografía vasca..., p. 148)

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Constitución física

Los distintos datos que se conocen sobre cómo eran los seles son relativamente modernos, por lo que no sabemos cómo podían ser en una primera época relacionada sólo con el pastoreo. Es posible que tuviesen algún tipo de cerramiento, y que dispusieran de alguna cabaña o albergue.

Los seles tenían una particularidad que, a nuestros ojos, es pintoresca: eran términos redondos. Villarreal de Berriz (Bizkaia, siglo XVIII) describía así lo que es un sel: “Es un Monte en circulo perfecto, que solo tiene un Mojon en el centro, á que llaman Piedra Cenizál”.

En el centro del sel había un mojón de piedra. Este mojón central recibía diversos nombres: “piedra cenizal”, “austerritza”, “austarri” o “auts-arri” (VILLARREAL DE BERRIZ), “artamugarri”, “kortarri”. También se describe como “mojón centrical” en el siglo XVIII. El grupo de nombres austarri, austerritza y piedra cenizal coinciden con la tradición de enterrar ceniza bajo el mojón. Esto es lo que nos cuenta VILLARREAL DE BERRIZ: “á la Piedra Cenizal se llama en Vascuence Auts-arria, y en una, y otra Lengua parece que significa Piedra de la Ceniza, sin duda porque nuestros primeros Padres hacian fuego en ella quando pacían sus Ganados, y seria ley, ó costumbre, que en cierta distancia no se arrimasse otro”.

Además de su posible significado simbólico, el austarri tenía una función primordial: era utilizado como origen para efectuar las medidas de demarcación del sel. El mojón central era “... luz, guía y gobierno ...” de los seles (Hernani 1784). Podían constar de un solo hito fabricado en piedra o de varios bloques también pétreos (por ejemplo, con los bloques mayores formando una cruz).

Los mojones monolíticos tenían en su cara superior, por lo general, una grabación consistente en cuatro, ocho (lo más frecuente) o dieciséis trazos dispuestos de forma radial, que teóricamente apuntaban hacia otros tantos mojones periféricos o “baztermugarri”. Éstos, más simples que el central, señalaban la periferia del sel, y se colocaban de acuerdo con las medidas que se explican más abajo. La situación de estos mojones secundarios con respecto al central se hacía en muchas ocasiones según los puntos cardinales, sin duda para ayudar a la localización posterior de estos mojones en medio de la vegetación o del bosque.

Además de seles circulares, que fueron mayoría, se conocen seles de forma cuadrada. Probablemente son una evolución de los circulares. En concreto, en la zona de Artikutza (en la localidad navarra de Goizueta) hubo más de 100. Esta finca formaba parte de las extensas propiedades del Monasterio de Roncesvalles.

ZALDUA indica que en 1996 se habían localizado en toda Euskal-Herria unos 30 austarris; el mismo autor calcula que, sólo en Gipuzkoa, pudo haber hasta 500 seles.

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Medidas

El tamaño de los seles dependía de las leyes y ordenanzas de cada zona, que podían variar con el tiempo.

En general se distinguían dos tamaños de seles. Los mayores se denominaban “seles de invierno o invernizos”, “seles mayores”, “korta-osoak” o “seles comunes”. Los menores se llamaban “seles de verano o veraniegos”, “seles menores” o “korta-erdiak”. También se les conocía según sus medidas: “seles de 12 goravillas” o “de 6 goravillas”, “de 12 o de 6 coderas”, etc.

En Gipuzkoa se utilizó una unidad de medida que, hasta el día de hoy, sólo la conocemos relacionada con los seles. Es la “gorabilla” o “goravilla”, “codera” o “pitipia”. Medía siete estados (o brazadas, brazas, toesas), cada uno de los cuales tenía siete pies. Como 1 pie = 1/3 de vara = 27,9 cm, la goravilla así descrita tenía 13,67 metros de longitud. En Gipuzkoa occidental se usó también el “amalauoñ” (hamalau oin = catorce pies), equivalente a dos estados.

La medida más habitual del sel común o mayor fue de 12 goravillas de radio, igual a 84 brazas, equivalente a 164,05 metros actuales. La superficie de un círculo de ese radio es de 8,455 ha. El sel menor tenía la mitad de radio: 6 goravillas o 42 brazas (82,03 metros) y 2,11 ha de superficie. Estas medidas se usaban ya en 1514. Pero hubo muchos seles de otros tamaños:

Tipo de sel Notas Zonas Estados
(radio)
Amalauoñ
(radio)
Goravillas
(radio)
Metros
(radio)
ha
De 6 goravillas (verano) 1 Aralar, Ataun 42 21 6 82 2,11
De 9 goravillas   Zeanuri, Gorbeia, Dima 63   9 123 4,76
De 12 goravillas (invierno)
De 84 estados (verano)
1
2
Elduain, Oiartzun, Lekeitio 84 42 12 164 8,45
De 63 amalauoñ
De 126 estados (invierno)
3
2
Mutriku, Berriatua 126 63 18 246 19,02
De 168 toesas 4 Orreaga, Oiartzun 168 84 24 328 33,82

Los seles cuadrados que se han citado en Artikutza medían 400 metros de lado (16 ha de superficie).

Algún autor (como CARRION 1996) ha indicado particularidades de unidades de medida vascas, en particular las basadas en múltiplos de 7 y de 12, lo que se aplica en particular al radio de muchos seles (12 goravillas, 7 brazas cada una, 7 pies cada braza).

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Demarcación de los seles

Los seles eran por definición circulares, pero su delimitación se efectuaba mediante la colocación de ocho mojones (generalmente) en su periferia, repartidos de forma equidistante.

Para ello se partía siempre del austarri o mojón centrical, y la distancia hasta los mojones periféricos se determinaba con un cordel de la longitud apropiada (por ejemplo, 12 goravillas). Una vez colocado el primer bazter-mugarri se iban situando los siguientes mediante el cordel “radial” (de 12 goravillas en el ejemplo) y otro que determinaba la distancia entre dos mojones periféricos consecutivos, hasta completar la circunferencia con los ocho mojones.

Con relación a esta última distancia (entre hitos contiguos) hay que señalar que no se medía de forma exacta. En concreto, para un sel de 12 goravillas de radio dicho cordel debería medir 9,184 goravillas, pero siempre se indicaba el uso de uno de 9 goravillas (cometiendo un error en torno al 2%). Presumiblemente la distancia resultante entre los mojones 1º y 8º era algo mayor que entre los restantes (un 14%), pero el sistema de piedras cumpliría igualmente su misión de indicar por dónde pasaba la circunferencia limítrofe del sel.

Si la colocación de los mojones se había realizado guiándose (aunque sea de forma aproximada) por las incisiones de la cara superior del austarri, y además estaban orientados hacia los puntos cardinales, su localización posterior sería menos complicada.

En este sentido se han expuesto dudas sobre si en la práctica se delimitaba un sel tal como se ha indicado. El mayor problema aducido es el de los obstáculos propios del terreno (arbolado, monte bajo, et.), junto con la a veces problemática visibilidad entre el mojón central y los periféricos. Lo cierto es que todos los documentos que mencionan el tema coinciden en describir el mismo método.

Mojón del sel de Urdalekun
Austarri del sel de Urdalekun, en el valle del Leizarán (Xabier Cabezón, 1984)

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Varios

Aunque los seles como entidades tienen indudable antigüedad, ello no significa que un sel concreto sea indudablemente antiguo. Así, por ejemplo, en el siglo XV se habían levantado nuevos seles en el valle del Leizarán. Lo mismo cabe decir de los austarris o mojones: el austarri de un sel puede llegar a tener la edad de éste a lo sumo, pero puede perfectamente ser de elaboración posterior.

El autor de esta página ha localizado de nuevo el mojón del Sel de Urdalekun, que se encontraba roto, tumbado y medio enterrado, así como los mojones de los seles de Orenzun y Txertoki, todos ellos en el valle del Leitzaran guipuzcoano.

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Enlaces

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BIBLIOGRAFIA

CARRIÓN ARREGUI, Ignacio Mª.- Revista VASCONIA, nº 24 .- 1996.- pp. 59-79.

DÍEZ DE SALAZAR FERNANDEZ, Luis Miguel.- Ferrerías en Guipúzcoa (Siglos XIV-XVI) (2 vol.).- Haranburu editor.- San Sebastián, 1983.

DÍEZ DE SALAZAR FERNANDEZ, Luis Miguel.- Ferrerías Guipuzcoanas. Aspectos socio-económicos, laborales y fiscales (Siglos XIV-XVI).- Fundación Social y Cultural KUTXA.- San Sebastián, 1997.

GARMENDIA LARRAÑAGA, Juan.- De Etnografía vasca (4 ensayos) - El caserío, Ritos fúnebres, Galera del boyero, Las ferrerías.- Colección Documento.- Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa.- San Sebastián, 1976.

VILLARREAL DE BÉRRIZ, Pedro Bernardo.- Maquinas hidráulicas de molinos y herrerías y govierno de los arboles y montes de Vizcaya.- Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones de la RSVAP y Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián.- San Sebastián, 1973.

ZALDUA ETXABE, Luix Mari.- Saroeak Urnietan - Seles en Urnieta - Stone Octagons in Urnieta.- Kulturnieta, S.A.- Urnieta, 1996.

Ver también la bibliografía general de la página del Leitzaran.

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Última actualización: 14/04/2017