Xabier Cabezón

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Generalidades sobre los seles

La intención de este artículo es dar una visión generalizada sobre los seles y su entorno, sin pretender ser exhaustivo. Gran parte está basada en las publicaciones de DÍEZ DE SALAZAR y ZALDUA (ver bibliografía).

Estos curiosos terrenos circulares se examinan en las siguientes secciones:


Nombres

La palabra “sel” es de origen prerromano (Real Academia Española). En euskera occidental se denomina “korta” (“gorta”) al sel, mientras que en la zona guipuzcoana se aplica el nombre de “sarobe, saroi, saroe”. En el siglo XVIII en Bizkaia se denominaba “kortaerdia” al sel de verano o menor y “kortaosoa” al de invierno o mayor.

Sel de Orenzun - austarri


Definición

El “Diccionario de la Lengua Española”, de la Real Academia Española, trae esta escueta definición: “Pradería en que suele sestear el ganado vacuno”.

En sus orígenes el “Sel” guarda similitud con la “bustaliza” navarra = terreno acotado para pasto de bueyes (Fuero General de Navarra [ALVAR 1978]), y que se corresponde con una de las acepciones del euskera “ol(h)a” (Roncesvalles 1284, en MICHELENA [1973]). También se relaciona con el kaiolar suletino y las brañas cantábricas.

Los seles surgieron en el marco de una organización basada en montes y terrenos comunales, y fueron una de las primeras formas de privatización del uso de un bien público. Las villas y concejos propietarios los cedían en usufructo para fomentar la economía ganadera.

Eran términos amojonados, demarcados de un modo particular y con unas características de explotación especiales. Estaban destinados a la ganadería, predominante vacuna hasta el siglo XVI y también porcina (ARAGÓN 2006), que igualmente podía pastar fuera de los seles. En el valle del Leitzaran, en unos acuerdos entre las universidades de Berastegi y Elduain en 1399, se habla del “busto e acto de vacas” que los vecinos de dichos concejos tenían en el valle, así como de las “bacas recas llamadas beyerrecos”. También se cita el ganado porcino (“puercos ni puercas ni porquería alguna”) para estipular que la prioridad des del vacuno.

Ganado vacuno.
Foto: Xabier Cabezón

Su terreno estaba poblado de árboles, lo que era compatible con los animales que pastaban en él (ARAGÓN 2006). Gozaban de un status especial de protección, en particular en lo referente a la prohibición de fabricar de carbón y a la tala de árboles por el pie. En determinadas circunstancias, sin embargo, estas actividades llegaron a estar permitidas.

La división en “seles de verano” y “seles de invierno”, que se ha mantenido a lo largo de la historia, se debe probablemente a la práctica de la transterminancia (ARAGÓN 2006).

Con el tiempo muchos seles pasaron de ser un término relacionado con el usufructo de montes comunales a ser seles de propiedad privada, sobre todo de familias de parientes mayores y comunidades eclesiásticas.


Historia de los seles

Los primeros testimonios escritos en los que se mencionan con seguridad seles en Euskal Herria son del siglo XII. En Cantabria están documentados desde el siglo IX. Es posible que el origen de los primeros seles sea más antiguo: en excavaciones arqueológicas realizadas por ZALDUA en seles de Urnieta (Gipuzkoa) junto a su mojón central, al menos en dos ocasiones se han localizado fragmentos de carbón vegetal, que datan del siglo II (método del carbono 14). Si bien su atribución al propio sel no es segura, la tradición de enterrar ceniza bajo el mojón central (o Piedra Cenizal) apuntaría en dicho sentido. Dicho carbón también podría proceder de la roturación del terreno (para hacer el sel). Otra posibilidad sería que fueran restos de algún incendio debido a causas naturales, o de carbón vegetal fabricado en la zona antes de construirse el sel.

Los seles se extendieron, al menos, por toda la vertiente cantábrica y pirineo navarro. Se conocen seles incluso en Extremadura y Castilla-La Mancha.


Otras formas de explotación del monte comunal

En palabras de DÍEZ DE SALAZAR, «el reparto del bosque se hizo en función de tres factores. De un lado, el dar respuesta a la demanda de los ferrones, cuya influencia en la sociedad de entonces era muy importante. De otro el facilitar a los vecinos una serie de prestaciones imprescindibles (leña para sus casas, madera para sus edificios, lugar para sus ganados). Y por último, hacer que la enorme riqueza que suponía el bosque en un momento en que diversas fuerzas sociales luchaban por dominarlo, revertiera en los incipientes municipios y sus débiles posibilidades económicas; nacerían así una serie de “propios” cuya incidencia en la economía concejil fue tanto más grande cuanto mayor era la riqueza de bosque que el municipio tuviera».

Existieron diversos tipos de terrenos comunales, como los “montes francos” y las “dehesas” (además de los “seles”).

Los “montes francos” eran los terrenos de los que se podía beneficiar cualquier vecino de la villa propietaria. Su aprovechamiento era limitado: se podía abastecer de leña para las viviendas, pero sin talar los árboles. Se usaban las ramas, desbroces y árboles caídos. Podían aprovecharse de los frutos, cazar y mantener determinada ganadería.

Otro tipo de monte comunal era la dehesa, ejido, ondazillegi, goiburu, etc. Eran terrenos acotados, cerrados o simplemente amojonados. Su uso estaba estrictamente regulado, en buena parte por evitar la deforestación. Para ello se establecían periodos de corte y periodos de repoblación, durante los que podía autorizarse el carboneo. Cierta proporción de árboles se “guiaba” para que creciesen en altura, pues estaban destinados a grandes vigas, mástiles navieros, etc. Con el tiempo los montes francos fueron disminuyendo en favor de los montes acotados.

Cara superior - mojón de Argarate Garaikoa

 


Los seles y las ferrerías

Las ferrerías tenían ciertos seles asignados, y desde el siglo XIV fueron las principales beneficiarias de los montazgos acotados, en los que obtenían carbón y madera. Estas prestaciones por lo general eran gratuitas, aunque para ello tenían que cumplir una serie de condiciones.

En 1415 varios propietarios de ferrerías en el Leizarán pleitearon contra los concejos de Berastegi y Elduain por el aprovechamiento de los montes de la zona, y más concretamente por la creación de nuevos seles por parte de los concejos (pues les privaban de montes). Como consecuencia firmaron un convenio con los concejos. Éste es un resumen de su contenido en lo que se refiere a los seles:

Los ferrones se quejaron del levantamiento de nuevos seles, lo que les privaba de monte en el que carbonear.  Se acordó declarar como seles a los que tuviesen una antigüedad probada de más de 70 años (es decir, anteriores a 1345).

Cada ferrería podía tener hasta 20 puercos fuera de época de pasto (a partir de San Juan) en los montes del Leizarán que no estuviesen acotados (ni en las dehesas ni en los seles).

Además, tanto en los seles como en otros montes, se le permitían cabras, ovejas y bueyes (hasta un máximo de 16 bueyes o novillos por ferrería, salvo acuerdo con los concejos). En los seles había cabañas para los vaquerizos. Las cabras y ovejas volverían todas las noches a la ferrería.

En lo tocante a los árboles, la principal necesidad de las ferrerías era la madera para fabricar carbón vegetal. Podían cortar árboles en los montes que tuviesen asignados, así como en el resto de montes (pagando a los vecinos por ello), pero no en los seles. En caso contrario se establecían multas e, incluso, el apresamiento. En el convenio se les perdonó a los ferrones las talas hechas en los seles hasta 1415.

Si no los había en otros terrenos, los ferrones podían talar árboles para los ejes y otras piezas importantes dentro de los seles, previa notificación a los concejos. También se permitía a los ferrones cortar en los seles cualquier tipo de árbol para reparaciones («que no sean buenos para mayrama»), sin dañar las cabañas que había en ellos para los vaquerizos. Igualmente podían utilizar acebos para varias finalidades relacionadas con el ganado.

Si un ferrón descubría una mina podía explotarla, aunque estuviese en un sel, causando el menor daño posible a la heredad o sel donde se encontrase.

Se facultaba a las ferrerías para hacer heredades, manzanales y plantar frutales para provisión de las mismas en el Valle del Leizarán, en uno o dos tiros de ballesta alrededor de las oficinas, pero fuera de los seles.

En el siglo XVI, también en el valle del Leizarán, a las ferrerías se les permitía hacer carbón en cierto número de seles. ¿Resultaban insuficientes el resto de montes, y consiguieron los ferrones carbonear también en los seles?

Plano de un sel de Berastegi
Plano de demarcación de un sel (fuente: GARMENDIA LARRAÑAGA [1976])


Constitución física

Los distintos datos que se conocen sobre cómo eran los seles son relativamente modernos.

Los seles guipuzcoanos y vizcaínos tenían una particularidad que, a nuestros ojos, es pintoresca: eran términos redondos. Villarreal de Berriz (Bizkaia, siglo XVIII) describía así lo que es un sel: “Es un Monte en circulo perfecto, que solo tiene un Mojon en el centro, á que llaman Piedra Cenizál”.

En el centro del sel había un mojón de piedra. Este mojón central recibía diversos nombres: “piedra cenizal”, “austerritza”, “austarri” o “auts-arri” (VILLARREAL DE BERRIZ), “artamugarri”, “kortarri”. También se describe como “mojón centrical” en el siglo XVIII. El grupo de nombres austarri, austerritza y piedra cenizal coinciden con la tradición de enterrar ceniza bajo el mojón. Esto es lo que nos cuenta VILLARREAL DE BERRIZ: “á la Piedra Cenizal se llama en Vascuence Auts-arria, y en una, y otra Lengua parece que significa Piedra de la Ceniza, sin duda porque nuestros primeros Padres hacian fuego en ella quando pacían sus Ganados, y seria ley, ó costumbre, que en cierta distancia no se arrimasse otro”.

Además de su posible significado simbólico, el austarri tenía una función primordial: era utilizado como origen para efectuar las medidas de demarcación del sel. El mojón central era “... luz, guía y gobierno ...” de los seles (Hernani 1784). Podían constar de un solo hito fabricado en piedra o de varios bloques también pétreos (por ejemplo, con los bloques mayores formando una cruz).

Los mojones monolíticos tenían en su cara superior, por lo general, una grabación consistente en cuatro, ocho (lo más frecuente) o dieciséis trazos dispuestos de forma radial, que teóricamente apuntaban hacia otros tantos mojones periféricos o “baztermugarri”. Éstos, más simples que el central, señalaban la periferia del sel, y se colocaban de acuerdo con las medidas que se explican más abajo. La situación de estos mojones secundarios con respecto al central se hacía en muchas ocasiones según los puntos cardinales, sin duda para ayudar a la localización posterior de estos mojones en medio de la vegetación o del bosque.

Además de seles circulares, que fueron mayoría, se conocen seles de forma cuadrada. Probablemente son una evolución de los circulares. En concreto, en la zona de Artikutza (en la localidad navarra de Goizueta) hubo más de 100. Esta finca formaba parte de las extensas propiedades del Monasterio de Roncesvalles.

ZALDUA indica que en 1996 se habían localizado en toda Euskal-Herria unos 30 austarris; el mismo autor calcula que, sólo en Gipuzkoa, pudo haber hasta 500 seles.

seles mapa 1848


Medidas

El tamaño de los seles dependía de las leyes y ordenanzas de cada zona, que podían variar con el tiempo.

En general se distinguían dos tamaños de seles. Los mayores se denominaban “seles de invierno o invernizos”, “seles mayores”, “korta-osoak” o “seles comunes”. Los menores se llamaban “seles de verano o veraniegos”, “seles menores” o “korta-erdiak”. También se les conocía según sus medidas: “seles de 12 goravillas” o “de 6 goravillas”, “de 12 o de 6 coderas”, etc.

En Gipuzkoa se utilizó una unidad de medida que, hasta el día de hoy, sólo la conocemos relacionada con los seles. Es la “gorabilla” o “goravilla”, “codera” o “pitipia”. Medía siete estados (o brazadas, brazas, toesas), cada uno de los cuales tenía siete pies. Como 1 pie = 1/3 de vara = 27,9 cm, la goravilla así descrita tenía 13,67 metros de longitud. En Gipuzkoa occidental se usó también el “amalauoñ” (hamalau oin = catorce pies), equivalente a dos estados.

La medida más habitual del sel común o mayor fue de 12 goravillas de radio, igual a 84 brazas, equivalente a 164,05 metros actuales. La superficie de un círculo de ese radio es de 8,455 ha. El sel menor tenía la mitad de radio: 6 goravillas o 42 brazas (82,03 metros) y 2,11 ha de superficie. Estas medidas se usaban ya en 1514. Pero hubo muchos seles de otros tamaños:

Tipo de sel Notas Zonas Estados
(radio)
Amalauoñ
(radio)
Goravillas
(radio)
Metros
(radio)
ha
De 6 goravillas (verano) 1 Aralar, Ataun 42 21 6 82 2,11
De 9 goravillas   Zeanuri, Gorbeia, Dima 63   9 123 4,76
De 12 goravillas (invierno)
De 84 estados (verano)
1
2
Elduain, Oiartzun, Lekeitio 84 42 12 164 8,45
De 63 amalauoñ
De 126 estados (invierno)
3
2
Mutriku, Berriatua 126 63 18 246 19,02
De 168 toesas 4 Orreaga, Oiartzun 168 84 24 328 33,82

Los seles cuadrados que se han citado en Artikutza medían 400 metros de lado (16 ha de superficie).

Algún autor (como CARRIÓN 1996) ha señalado peculiaridades de las unidades de medida vascas, en particular las basadas en múltiplos de 7 y de 12, como por ejemplo el radio de muchos seles (12 goravillas, 7 brazas cada una, 7 pies cada braza).


Demarcación de los seles

Los seles eran por definición circulares en Gipuzkoa y Bizkaia, pero su delimitación se efectuaba mediante la colocación de ocho mojones (generalmente) en su periferia, repartidos de forma equidistante.

Para ello se partía siempre del austarri o mojón centrical, y la distancia hasta los mojones periféricos se determinaba con un cordel de la longitud apropiada (por ejemplo, 12 goravillas). Una vez colocado el primer bazter-mugarri se iban situando los siguientes mediante el cordel “radial” (de 12 goravillas en el ejemplo) y otro que determinaba la distancia entre dos mojones periféricos consecutivos, hasta completar la circunferencia con los ocho mojones.

Con relación a esta última distancia (entre hitos contiguos) hay que señalar que no se medía de forma exacta. En concreto, para un sel de 12 goravillas de radio dicho cordel debería medir 9,184 goravillas, pero siempre se indicaba el uso de uno de 9 goravillas (cometiendo un error en torno al 2%). Presumiblemente la distancia resultante entre los mojones 1º y 8º era algo mayor que entre los restantes (un 14%), pero el sistema de piedras cumpliría igualmente su misión de indicar por dónde pasaba la circunferencia limítrofe del sel.

Si la colocación de los mojones se había realizado guiándose (aunque sea de forma aproximada) por las incisiones de la cara superior del austarri, y además estaban orientados hacia los puntos cardinales, su localización posterior sería menos complicada.

En este sentido se han expuesto dudas sobre si en la práctica se delimitaba un sel tal como se ha indicado. El mayor problema aducido es el de los obstáculos propios del terreno (arbolado, monte bajo, et.), junto con la a veces problemática visibilidad entre el mojón central y los periféricos. Lo cierto es que todos los documentos que mencionan el tema coinciden en describir el mismo método.

Mojón del sel de Urdalekun
Austarri del sel de Urdalekun, en el valle del Leizarán (Xabier Cabezón, 1984)


Varios

Aunque los seles como entidades tienen indudable antigüedad, ello no significa que un sel concreto sea indudablemente antiguo. Así, por ejemplo, en el siglo XV se habían levantado nuevos seles en el valle del Leizarán. Lo mismo cabe decir de los austarris o mojones: el austarri de un sel puede llegar a tener la edad de éste a lo sumo, pero puede perfectamente ser de elaboración posterior.

El autor de esta página ha localizado de nuevo el mojón del Sel de Urdalekun, que se encontraba roto, tumbado y medio enterrado, así como los mojones de los seles de Orenzun y Txertoki y posiblemente el de Belazarreta, todos ellos en el valle del Leitzaran guipuzcoano.


REFERENCIAS

(Ver Bibliografía)

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RAMOS, A. y RAMOS, J. - Saroiak kortak seles - Euskal Herriko saroiak

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Última actualización: 01/09/2020


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