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Artículo publicado por Iñaki LINAZASORO en el periódico “La voz de España” del día 16 de noviembre de 1977 (pág. 14), en la sección “Gure Lurra”.


Andoain-Urto
Por las huellas del desaparecido ferrocarril del Plazaola

Por Iñaki LINAZASORO

El selvático barranco del Leizarán

Los baserritarras se santiguaban al paso de aquel engendro; las madres corrían a amparar a sus pequeños y el poeta escribía:
      El tren camina y camina
      y la máquina resuella
      y tose con tos ferina,
      ¡Vamos en una centella!

Como una centella corría, pero a pesar de todo, empleaba más de tres horas en cubrir la distancia entre Donosti y Pamplona.

Como una centella corría el trenico del Plazaola, pero a pesar de todo, entre resuello y resuello de la asmática y cuellilarga máquina de vapor, los viajeros se apeaban en marcha a robar unas manzanas y Juanito, el maquinista, detenía el convoy junto al caserío «Olloki» para entregar un paquete a Juan José...

El trenico del Plazaola, empezó a caminar el 19 de enero de 1914. Pero por haber nacido de «vida estrecha» duró pocos años. No llegó a celebrar sus bodas de oro con la naturaleza y a sus cuarenta murió de pena y de nostalgia, al ver que su entorno, diariamente recorrido, estaba cambiando, a peor, claro. El óbito le sobrevino el 14 de octubre de 1953, y apenas se le dio publicidad a la triste nueva.

Bixera de Bertxin
Bajo esa roca pasaba el trenico del Plazaola... (Foto I. LINAZASORO.)

Su bautizo, en cambio, fue celebrado con gran pompa: padrinos de levita y chistera, encopetadas damas de la alta sociedad, navarros y guipuzcoanos de alcurnia acudieron al acto. En dicha ocasión, manejó el hisopo el obispo de Pamplona y el acto tuvo lugar en la estación de Huici. Doscientos invitados subieron al convoy inaugural para trasladarse hasta Pamplona, donde se sirvión un banquete. Seguramente, muchos de ellos ya no volvieron a utilizar el Plazaola.

El ingeniero de caminos Manuel Alonso de Zabala, dirigió las obras de este ferrocarril que inicialmente atendió las necesidades mineras de la zona, ya que en las proximidades de la estación de Plazaola (término municipal de Berástegui) se explotaban unos filones de mineral de hierro, pirita de cobre, blenda y galena.

Cuando se puso el tren en marcha, esta mina producia cerca de nueve mil toneladas anuales y empleaba a 75 operarios. El mineral de hierro beneficiable, era carbonato de hierro de interesante análisis que se transportaba a la estación de Andoain en una distancia de 17 kilómetros.

A estas minas les denominaron con los cursilísimos nombres de «Buena Estrella» y «Explotación Antigua».

Todavía se aprecian restos de los hornos de calcinación en el paraje llamado Mustar.

Este ferrocarril nacía en el «barracón» de Amara y utilizaba las vías de los Vascongados hasta Lasarte y de aquí se desviaba a Andoain. Desde esta villa, jugando a escondites con el recordado río truchero del Leizarán, por un paraje asaz abrupto, selvático y sombrío, se encaramaba al «Reyno de Navarra» por la línea divisoria de Urto y los municipios de Leiza, Huici, Lecumberri...

En geografía guipuzcoana su trazado sumaba los37 kilómetros, 21 de los cuales acabo de recorrerlos en compañía de mis amigos Raúl y Juan Mari. Considero que la descripción puede resultar sugerente a mis lectores.

Estación de Olloki
La estación de Olloki, en ruinas. (Foto I. LINAZASORO.)

EL LEIZARAN

Es un río, tributario del Oria y confluencia con él, en el centro urbano andoaindarra, es apreciado y visitado por los abnegados pescadores de caña, ya que en sus aguas efectúan magníficas capturas de truchas. También ahora, a pesar de que la industrialización de Leiza les propina bastantes sustos, las aguas del citado curso continúan siendo pródigas en fauna.

Pero esta corriente de manera especial, es aprovechada con fines productores de energía eléctrica. Unos seis o siete saltos de agua se escalonan a lo largo del hosco barranco, cinco años construídos por el prestigioso ingeniero de caminos donostiarrra, Ramón Elósegui.

El más meritorio y espectacular de ellos, es el salto de Olloki, próximo al caserío de igual nombre. Es un salto horadado en roca viva con caída de agua desde unos 35 metros. Dicho salto ya dejó de funcionar por su escasa rentabilidad tras mover las máquinas de una empresa de Andoain durante medio siglo.

Sin embargo aguas arriba y aguas abajo de Olloki, existen otras centrales hidroeléctricas propiedad de industrias guipuzcoanas. La de Ameraun por ejemplo, continúa enviando sus kilowatios a la Papelera Uranga (hoy Sarrió) de Berrobi.

En la soledad de aquel recóndito vallecito, conocimos a un hombre afable y cordial, con auténtica necesidad de conversar con alguien que no fuese sus inseparables compañeros, los perros de caza. Benito Eraso, encargado de la central de Ameraun desde hace 24 años, vive allí solterón, sólo, aislado como cualquier anacoreta que se precie, cuidando de las turbinas, de los cuadros... mirando al cielo para detectar el paso de palomas torcaces o mirándose en el espejo fluvial que forma el remanso del Leizarán, donde saltan las truchas tras el vuelo de la mosca.

Ameraun, Olloki, Beriñaz, Mustar, Plazaola, antes de ser casas de labranza y centrales hidroeléctricas tuvieron vocación ferrona, con sus martinetes y fuelles accionados por el caudal del Leizarán. Ya no quedan ni ferrones ni aldeanos. Han emigrado a tierras más risueñas pues no es difícil hallarlas. Juan José el de Olloki reside en un caserío de Elduayen. Se forjó en la soledad e incomunicación de este astuto camino que une Guipúzcoa con Navarra. A Juan José le tocó asistir en el parto a su mujer, enseñar las primeras letras a sus hijos, cuidar de la central, cultivar la huerta, engordar el cerdo, ordeñar la vaca...

Benito Eraso
Benito Eraso, encargado de la central hidroeléctrica de Ameraun. (Foto I. LINAZASORO.)

CONOZCA EL PLAZAOLA

Lector amigo: intérnese por estos andurriales antes de que sea tarde. Antes de que las hambrientas fauces del «bulldocer» rompan todo vestigio de naturaleza selvática. Tengamos en cuenta que se proyecta trazar por este viejo caino de hierro —o inspirado en él—, la futura autopista Andoain-Navarra. Y la técnica, mientras no se demuestre lo contrario, no anda con contemplaciones.

Recorra, amigo, estos 21 kilómetros entre Andoain y Urto, a poder ser a pie, provisto de linternas, máquina de fotos y «flash» ya que habrá que cruzar por el interior de 29 túneles, algunos de más de cien metros de longitud y trazados en curva.

Al terminar si mal no recuerdo, el segundo túnel en dirección a Navarra, nos sorprenderá una cruz indicando el lugar del fallecimiento del que fuese párroco de Andoain, don Rosendo Recondo, arrollado por el tren cuando el clérigo regresaba de confortar con el santo viático a un aldeano enfermo.

Al abandonar el túnel número 25, hallaremos un tonificante recodo donde se embalsa el río. Más arriba, saldrá a nuestro encuentro la abandonada estación de Olloki, con tejado a dos vertientes y arquitectura vasca. En su parte posterior, las viviendas que ocuparon los operarios de una fábrica de pasta de papel que quebró hace años. Al otro lado de la vía, los dos caseríos Olloki.

Túnel nº 4
El túnel número 4, del antiguo ferrocarril. (Foto I. LINAZASORO.)

Prosigamos aguas arriba entre túneles, puentes y trincheras. Por este lugar capotó con su aeroplano el pionero de la aviación civil Roland Garrós. El biplano del piloto francés quedó milagrosamente posado sobre el espeso follaje y Garrós resultó ileso. Del accidente pasó ya el medio siglo y todavía recuerdan los andoaindarras setentones cómo el biplano fue transportado a la villa sobre un «gurdi» o carro tirado por varias yuntas de bueyes. O témpora...

Si realiza esta excursión, amigo que me lee, al llegar a Ameraun salude con un ¡Eup!... al simpático Benito. Charle con él y quedará muy feliz. ¡Qué poco cuesta contribuir a la felicidad del prójimo!

Al fondo de la central, asentado en un cerro, se estropea de pena y humedad el deshabitado caserío Ameraun, antaño ferrería con un túnel esculpido en roca a golpe de martillo, siglos antes de que Nobel inventase la dinamita.

Pasaremos bajo el acueducto de piedra que conduce el agua a la central antes citada y ya no veremos una sola casa en bastantes kilómetros. El túnel número 6 evoca una cueva prehistórica y en el 4 observaremos que su boca se agranda a medida que avanzamos.

Anotaremos que el monocultivo del pino insignis invade todos los repliegues del Leizalarrea, Ipuliño, Urdelar, así como las rectificaciones que sobre la marcha sufrió el trazado ferroviario, con tramos de túnel iniciados y abandonados con posterioridad.

El murmullo del Leizarán nos acompañará en toda la ruta que para efectuarla en coche, más vale tomarla con calma, ya que los desprendimientos de tierra y roca son frecuentes y los baches bastante profundos.

Palacio de Berastegi
PALACIO DE BERASTEGUI

Federico de Zavala. romántico amigo antes que senador, escribió el libro «Caminos bajo la lluvia» con vivencias de un viaje realizado en el desaparecido tren al que dedica su trabajo literario.

Fede, pone en boca de uno de sus personajes este lamento: «Todos esos montes estaban poblados de bosques y en el río vivían muchas truchas. Hoy ya no queda nada. Nos roban lo mejor del mundo: la belleza».

Puntualizaré que algo nos queda todavía en el laberinto del Leizarán. Algo de un valor infinito: el silencio.

Veintiún kilómetros de silencio y soledad. Presiento que de continuar nuestro alocado tráfago, antes de mucho tiempo, el silencio lo cotizaremos muy caro...

Iñaki LINAZASORO


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