La existencia de yacimientos de hierro en este valle es conocida desde
antiguo. Parece que un privilegio otorgado a Tolosa por Fernando III en 1307 ya se refiere
a ellos. En 1415 son de explotación corriente.
La mayor concentración de minas en el valle del Leizaran se da en lo
que es actualmente el municipio de Berastegi. En los documentos, en ocasiones, se citan yacimientos
concretos del también llamado «coto de Berástegui». Otras veces se habla solamente
de «vena de Berástegui» o «vena de la villa», sin más especificaciones. Los
siguientes yacimientos corresponden a esta zona:
- Bizkotx.- Mineral principalmente para la
ferrería de Plazaola. También se destinaba a Ameraun, así como a las de Beriñas y
Ollokiegi. Las primeras referencias específicas a este yacimiento son relativamente
recientes, pues datan del siglo XVIII; sin embargo, ha sido el más beneficiado de toda la
zona: constituye lo que hoy día se conocen popularmente como minas
de Plazaola. Su explotación ha sido muy abundante durante este siglo, hasta el
punto de construirse un ferrocarril de 20km. para
transportar su mineral hasta Andoain, previamente calcinado en tres grandes hornos al pie
de la propia mina. Están enclavadas en la concesión "Casualidad" (nº 1453, y
una demasía, nº 1606). A grandes rasgos están situadas entre los puntos 1º 56
00" W - 43º 07 02" N y 1º 55 53" W - 43º 07 12"
N.
- Orin.- Abasteció a Plazaola, Mustar y
Ameraun. Se encuentra aproximadamente a 1km. al E. de Ameraun, en la ladera S. de
Deskarga. Sabemos que estas tres ferrerías también se surtían de otros filones de la
zona, pero en los contratos aparece siempre "vena de Orin", por lo que con esta
denominación se conocía, probablemente, a todos los minerales de la zona.
- Nordeiza.- Benefició a Ameraun y a Mustar y,
sin duda alguna, a la ferrería homónima, Nordeiza. El topónimo Nordeiza (véase en la
ferrería de este nombre) es probablemente el actual Lorditz, por lo que dicha
explotación se correspondería con alguno de los yacimientos visibles actualmente en
Lorditz; tampoco hay que descartar las explotaciones de Altzegiko erreka.
- Lizarraga.- Aparece como surtiendo a Mustar,
junto con Orin y Nordeiza. El topónimo actual más parecido en el Leizarán es Lizarreta,
en la zona de Lorditz.
- Urquiegui, y en él la venera llamada Dordoategui.-
De aquí se surtieron Plazaola y Ameraun. Existe el topónimo Urkizu, a 1,5km. al S. de
Altzadi, en la muga de Berastegi con Leiza; existen minas en esa zona.
- Ermosu.- Proveía de mineral a Ameraun y
Plazaola. Al E. de Barrenola.
- Beiturrieta.- Alimentaba, entre otras
ferrerías, a Beriñas y Ollokiegi.
- Bereterri.- Mencionado por Díez de Salazar.
Puede tratarse de la zona de Beibatarri (al E. de Gorosmendi y al W. de Ameraun), donde
aún puede verse alguna bocamina junto al camino de Ameraun a Berastegi, entre los
collados de Gorosmendi y Beibatarri; o también Beatarri, al N. de Orin, justo al E.
Descarga, en el espolón W. de Abadekurutz.
- En Lorditz erreka son localizables varias explotaciones por toda la
cuenca, de diversa antigüedad y amplitud. Sin duda, alguna de ellas se corresponde con
minas cuyos topónimos no se conservan hoy día. Como se ha indicado, probablemente se
designaba a todos los minerales de esta cuenca como "vena de Orin". A principios
de este siglo se ha explotado un yacimiento, que tuvo incluso su propio ferrocarril, el
cual terminaba (justo 80m. más arriba de la casa del guarda de Olizar) en un plano
inclinado para bajar el mineral hasta los dos hornos de calcinación existentes en Mustar,
desde los que se cargaba en el ferrocarril de Plazaola. Desde el extremo superior del
plano inclinado el ferrocarril subía hacia Tolosamina erreka, Urdanbide erreka y
Belekabieta erreka hasta llegar a Baztarrola erreka, donde se pierde la explanación. Su
altura media está en torno a los 575m.
- Así mismo, en un afluente de Altzegiko erreka, a unos 700m. al SE. de
Olizar (casa del guarda), hay varias bocas con escombreras (altura, 570m.); desde ellas se
transportaba el mineral, por medio de vías, hasta el mismo plano inclinado del pequeño
ferrocarril procedente de Lorditz (por lo tanto, se han explotado este siglo).
- En Altzegiko erreka (Mustar erreka), en su tramo final (bajo el
caserío Mustar Berri y junto a él) se explotaron unos filones, quedando algunas
bocaminas y un par de tajos verticales.
- En el mismo Plazaola, junto a la central nº2 (por donde baja la
tubería) y cerca de la ferrería, también hay bocas con signos de explotación
(escombreras).
- En Leizalarrea existen, así mismo, explotaciones antiguas y modernas;
estas últimas también dieron lugar al tendido de un pequeño ferrocarril.
En el resto del Leitzaran no parece que la actividad minera haya sido
muy significativa. Tan sólo cerca de Amasola parece que hubo una cierta actividad, así
como en la zona de Lapurtxulo (en Andoain, al W. de Onddo). Ha habido muchos intentos de
explotación, como dan fe las abundantes catas, de las que en general quedan bocas
pequeñas y sin profundidad, como por ejemplo Iyuya o Malo, Ormaki (parte alta) y
Olaberri. Una de sus características más significativas suele ser la ausencia de
escombrera, que indica que no fueron explotadas. Las bocas de Iyuya son conocidas en la
zona como «minas romanas» (cerca pasa, además, una pequeña calzada o camino
empedrado que sube desde Otita); desconozco su antigüedad (por supuesto que no son
romanas), pero lo cierto es que no pasaron de pequeñas catas sin resultado; no hay más
apreciar su poca profundidad. En Andoaingo Paperak aparecen unos croquis de ellas.
En dicha publicación se mencionan también otras concesiones mineras en
la zona de Andoain, que tendrían también la misma poca fortuna. A este respecto, llama
la atención la gran cantidad de solicitudes e intentos de aprovechamiento de mineral que
se hacía al menos a principios de este siglo. Basta ver publicaciones oficiales como la
Estadística minera de España, o el Boletín Oficial de Guipúzcoa, para ver la
proliferación de concesiones en todos los municipios de esta zona, concesiones que (los
resultados están a la vista) rara vez se han transformado en minas productivas. Dos
anotaciones: primera, los nombres con que se acostumbraba a designar a los cotos mineros
son curiosísimos, y no sirven en absoluto para orientarnos sobre el topónimo o lugar
donde podía estar el yacimiento (esto es sistemático). Segundo, que como consecuencia de
lo anterior, y tal como indica Irazu, es necesaria una labor de investigación en los
archivos correspondientes, donde sí están descritos con exactitud los terrenos para los
que se hacían las concesiones.