© Xabier Cabezón

Las ferrerías del Leizarán

Yacimientos en el Leizarán

La existencia de yacimientos de hierro en este valle es conocida desde antiguo. Parece que un privilegio otorgado a Tolosa por Fernando III en 1307 ya se refiere a ellos. En 1415 son de explotación corriente.

La mayor concentración de minas en el valle se da en lo que es actualmente el municipio de Berastegi. En los documentos, en ocasiones, se citan yacimientos concretos del también llamado «coto de Berástegui». Otras veces se habla solamente de «vena de Berástegui» o «vena de la villa», sin más especificaciones. Los siguientes yacimientos corresponden a esta zona:

En el resto del Leizarán no parece que la actividad minera haya sido muy significativa. Tan sólo cerca de Amasola parece que hubo una cierta actividad, así como en la zona de Lapurtxulo (en Andoain, al W. de Onddo). Ha habido muchos intentos de explotación, como dan fe las abundantes catas, de las que en general quedan bocas pequeñas y sin profundidad, como por ejemplo Iyuya o Malo, Ormaki (parte alta) y Olaberri. Una de sus características más significativas suele ser la ausencia de escombrera, que indica que no fueron explotadas. Las bocas de Iyuya son conocidas en la zona como «minas romanas» (cerca pasa, además, una pequeña calzada o camino empedrado que sube desde Otita); desconozco su antigüedad (por supuesto que no son romanas), pero lo cierto es que no pasaron de pequeñas catas sin resultado; no hay más apreciar su poca profundidad. En Andoaingo Paperak aparecen unos croquis de ellas.

En dicha publicación se mencionan también otras concesiones mineras en la zona de Andoain, que tendrían también la misma poca fortuna. A este respecto, llama la atención la gran cantidad de solicitudes e intentos de aprovechamiento de mineral que se hacía al menos a principios de este siglo. Basta ver publicaciones oficiales como la Estadística minera de España, o el Boletín Oficial de Guipúzcoa, para ver la proliferación de concesiones en todos los municipios de esta zona, concesiones que (los resultados están a la vista) rara vez se han transformado en minas productivas. Dos anotaciones: primera, los nombres con que se acostumbraba a designar a los cotos mineros son curiosísimos, y no sirven en absoluto para orientarnos sobre el topónimo o lugar donde podía estar el yacimiento (esto es sistemático). Segundo, que como consecuencia de lo anterior, y tal como indica Irazu, es necesaria una labor de investigación en los archivos correspondientes, donde sí están descritos con exactitud los terrenos para los que se hacían las concesiones.

 

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